Historia

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Baamonde (Bahamonde, de Badamundus) ostento desde tiempo inmemorial de forma simultánea dos escudos: uno, con campo ajedrezado de quince cuadros en blanco y negro, que parece datar de 1400. El otro, de uso mucho más frecuente, tiene cenefa de siete truchas y en el centro una M coronada.

En campo de azur, una M de oro, coronada del mismo metal. Bordura de gules, con siete peces de plata.

En oro, tres matas de ortigas, de sinople, sobre penñas, cada una de tres hojas, puestas en faya y colocadas sobre ondas de azur y plata, en las que flotan unos peces. Bordura de oro,  con siete peces, de gules.

En oro, un puente de tres arcos, con homenaje y sumado éste de una bandera, de gules.

Baamonde, Bahamonde o Vaamonde: Badamundi (tierras relacionadas con una edificación defensiva), tierras “finca” de Badamundus (nombre personal de origen germánico). Este nombre esta compuesto por los elementos Bad (batalla) y Mund (protección). La muralla de Baamonde

El primer escrito del que se tiene constancia la palabra “Badamundus” es del año 818 en una tumba en Sobrado de los Monjes.

Dice la tradición que un Baamonde, participante en la batalla de Clavijo, sacó de una canasta siete pescados prometiendo matar otros tantos moros. Como quiera que luego había presentado al Rey siete cabezas de enemigos muertos, los siete pescados pasaron a figurar en su escudo. Y luego, yendo con una embajada a Inglaterra, se enamoró y casó con una princesa llamada Milia. Y el Rey agregó a su escudo una M coronada: M, por Milia y la corona por ser Milia de sangre real. La plaza de Baamonde, construida en 1999 lleva el nombre de: Praza da Princesa Milia

En el S. XIV la fortaleza de Baamonde era una realidad viva y activa. Estuvo su historia ligada a una genealogía homónima en la que prelados y caballeros fueron las figuras más destacadas, los cuales ciscarían sus sarcófagos mortuorios por las tierras de Melide, por las de Sobrados de los Monjes y por las propias donde se irguió esta edificación. La leyenda también queda entre las paredes de una torre (La Torre de Camarasa), donde una dama británica, llamada Doña Milia, dio explicación aparte de las armerías de este linaje lucense, ampliamente extendida por todos los territorios gallegos”

Se cuenta  en el pleito Tabera-Fonseca, en una parte de su interrogatorio y siendo el testigo preguntado Afonso López de Gaibor, que: “(…) dize que los alcaldes y gentes de la dicha hermandad de la dicha çiudad e tierra de Lugo fueran de la dicha çiudad a derrocar la fortaleza de Bande, que hera de Fernán Díaz de Ribadeneira (…); e la fortaleza de Ansián, que dezían que hera al tienpo del conde de Trastámara; e a Tamoga, que hera de Fernán Sanjurjo, alcalde de Villalba por Diego de Andrade; e la fortaleza de Baamonde, que hera de doña Maior de Baamonde (…)”. He aquí que, como en tantos lugares de la Galicia de los años 1466 y 1467, diversas comarcas lucenses padecieran en su historia la huella -destructiva en el patrimonio medieval y constructiva en la liberación de los gravámenes señoriales- de la insurrecta hermandad gallega, hambrienta de justicia e incómoda por soportar en sus endurecidos pescuezos el jugo opresor del señor feudal. Así cayeron una tras otra fortalezas de historia y monumentalidad, vencidas por quien las mantenían erguidas a base de tributos. Una de tantas a la que le tocó el azote de castigo fue la de Baamonde, y más precisamente en la feligresía homónima a la fortaleza que lleva por patrono al legendario caudillo de la batalla de Clavijo. Fue derrumbada la capilla mayor, que fue reconstruida poco después.

Patrimonio arquitectónico rebosa en riqueza por estas tierras, y no sólo en lo tocante al románico religioso, sino incluso también con las construcciones civiles de diversas temporalidades, de las cuales disfrutamos de ver -tal testigos vivas de otros instantes- el palacio de Gaibor, donde se perciben las armas de los Baamonde en una de sus virutas heráldicas, o la torre del Soto. Aparte de esto, de contemplar la excelente obra Palos, Fajas y Jaqueles -de la autoría de Eduardo Pardo de Guevara, interesante en aportaciones investigadoras, e ilustrado por Xosé Antón García G. Alegre- me los sabría que las armas propias de este linaje fueron, en su origen, los xaqueis de plata y gules, las cuales cambiarían bastante, o mejor dicho evolucionarían, luego del S. XV, introduciéndosele unas serpientes que contornean sus blasones, un “M” que se sumará a sus campos y unas cenefas de pescados que igualmente decoran e informan de una tangible fusión de armerías (tal y como nos habría asegurado dicho historiador).

Casa-Paza de Baamonde en Santiago de Compostela

Casa-Pazo de los Baamonde en Santiago de Compostela

No sabemos cuál fue la icnografía del antiguo edificio de los Baamonde, ni qué tipos de volúmenes se levantaban, ni el sistema de cerrumes que poseyó. Tampoco conocemos si una piedra heráldica de una o de otra tipología campar en los lienzos de esta fortaleza medieval; únicamente estamos informados de que en la bajamar del S. XIV la construcción castrense estaba en activo y, según parece, nueva de todo. Aunque esto último, el de que sea una obra de nueva construcción, lo dejaremos entre aspas; en no pocas casos se decía que cierta persona había construido un determinado edificio cuando lo que en realidad había realizado era una reconstrucción del mismo; como si de esta manera se quisiera reciclar la historia al igual que se reciclan los monumentos.

Más allá de este comentario, ahora hay que aproximar que el responsable de la “construcción” de la fortaleza de Baamonde no fue otro que Martiño Vázquez de Baamonde, marido de Mayor Mártiz (o quizás Martínez), hijo de Vasco Pérez de Baamonde y sobrino de Ares Vázquez (I). Estes últimos adinerados hombres, tuvieron su biografía ambientada en la segunda mitad del S. XIV, y exactamente coincidiendo con el cambio de dinastía monárquica; esto es, cuando Henrique II de Trastámara, además de robarle la corona de Pedro I “El Cruel”, asienta su vida en la poltrona de este soberano. Mas no serían ambos hermanos agentes pasivos de este episodio de la historia. Comenta Pardo de Guevara que los Baamonde se retarían con un par de escuderos zamoranos llamados Lopo Núñez de Carvalledo y Martiño Afonso de Lousada, los cuales acaso estaban bajo las órdenes del “rey cruel” (que no veía con buenos ojos a esos caballeros gallegos). Luego de la confabulación y traición regia, no sobreviviendo Aies Vázquez (I) de las infames artimañas de D. Pedro I, Vasco Pérez, armado con su coraza y con su jabato valor, le arrebola la siguiente declaración al monarca castellano: “Señor, ¿qué justicia es esta?”. Y, ya que el mismo no le respondía, continuaría diciendo: “Caballeros de Castilla e de León, pésevos de lo que vedes que el día de hoy se sufre en presencia del rey nuestro señor, que se ponen armas escondidas en el campo para matar a los que entran en él asegurados del rey por defender su fama e su verdad e su linaje”

A causa de lo ocurrido, el superviviente hidalgo gallego toma la determinación de dejar de rendirle fidelidad al legítimo soberano y, cambiando de bando político, se la entregará a continuación al monarca pretendiente. Mercé de este viraje, algo de provecho resultó de esta empresa: donaciones por parte del conde Don Pedro, que venía a ser varios patrimonios por las tierras de Otero de Rey, y la subsiguiente confirmación regia (del ahora Henrique II), exactamente en 1377. Casaría Don Vasco con Doña Milia Pérez de Castro -quien descendía de don Pedro Fernández de Castro, “el de la Guerra”, y de Doña Beatriz de Portugal. De esta Doña Milia surgirá la leyenda de una princesa homónima (en otras voces acaso llamada María), que tenía su nación por el archipiélago británico y que le da razón al “M” -del cual se habló anteriormente- que si dibuja en los heraldos que les son propios a los Baamonde, a los Sanjurjo y a los Montenegro.

De la fabulosa Doña Milia y de Don Vasco nacerían el ya citado Martiño Vázquez Baamonde, Constanza de Baamonde y otra dama de hermosísimo nombre gallego (que en castellano equivale al no tan acaído Ilduara) Aldara Vázquez de Baamonde, de los cuales a continuación iremos dando algún apunte histórico.

De lo primero de este progenie podremos señalar que -además de “construir” la fortaleza de su linaje- sería enterrado al igual que su mujer en el monasterio de Sobrado de los Monjes. De ella tendría varios hijos, aunque testimoniamos como seguros aquellos denominados Ares Vázquez (II) y Pedro Arias de Baamonde, que fue obispo mindoniense.

Abriendo la segunda rama genealógica que brota de Don Vasco y de Doña Milia hay que señalar que Constanza de Baamonde (apodada por momentos como de la Insua), contraería nupcias con un personaje destacado de aquel entonces, D. Xoán Núñez de Isorna, de los cuales ha de nacer el prelado D. Álvaro Núñez de Isorna y Mendaña, que también fue obispo mindoniense.

Y en lo referente a Aldara sólo tenemos la bien anunciar que, pese a que no sabemos del nombre de su marido, sería la madre de Alonso Vázquez de Baamonde (quien reposa en tierras de Melide).

(…)

 

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